Es un mundo encadenado
a un ciclo.
No hay forma de huir de la muerte.
La noche palidece al mirarme, yo palidezco al contemplarla.
Hay dolor en el espesor del aire.
Voces inconexas taladran el espacio.
El horizonte multicolor se va esfumando.
¡Oh de la muerte que viva se arrastra!
¡Oh del silencio que en un bullicio regurgita las voces!
¡Ay de mí que elevo una plegaria quién sabe a qué dioses!
La tarde se desintegra paso a paso,
yo me voy deshaciendo, deshilachando, desdibujando...
No tengo las llaves de estas cadenas para poder escapar.
Paula Cruz Roggero
ResponderEliminarDulce, maravilloso poema, pura ternura para leer.
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Una buena semana
abrazo
Precioso y delicado poema.
ResponderEliminarTe deseo una feliz semana Paula.
Sentir a flor de piel. Cuidate mucho y se feliz siempre
ResponderEliminarBueno, hay que dejar que el alama repose, como la leche hervida.
ResponderEliminarUn abrazo