cae como un manto
sobre la ciudad.
Si la miras sedienta
de amor, de paz o de sublimación,
no encontrarás más nada
que la fría piedra.
Es que en esta selva
de cemento no hay lugar
para mí,
yo soy un cuchillo de flores,
una luz entre sombras,
una retahíla de sueños,
manos de clepsidras,
vientos de silencios
y aquel lirio blanco que ves
colgando del florero
_única flor_
Pero la piedra me consume a veces.
Endurece mis raíces átonas,
no deja crecer a mis tallos...
Es una algaba intrincada y ebúrnea..
Por eso es una tarde doliente,
donde el horizonte
queda perdido entre la piedra
y el abanico multicolor
del ocaso apenas baña
con sus reflejos los edificios.
La noche se acerca mientras
el sereno me empapa
y allí descubro que mi silencio
está lleno de pájaros,
mi cuerpo de animales sueltos,
y la oscuridad es un harapo viejo
que cubre el dolor que la tarde me deja.
Paula Cruz Roggero
Hay tardes que nos pillan en ese asfalto pegajoso que nos encierra entre ladrillos.
ResponderEliminarPor las mañanas con luz, y brisa. Un abrazo