Se abría el cielo como un caleidoscopio
El aire era espeso y maciso
parecía aplastar las flores en el jardín
Vi en el ventanal rodar
una pequeña gotita
como caen las lágrimas hasta tocar el suelo.
Cada una de ellas es un pequeño mundo,
Tienen, aunque no lo parezca,
su extraña razón de ser.
Dejan sus surcos en la ventana,
como arrugas de un tiempo que ya fue.
Ni el mejor de los espejos
podría reflejar tan precisamente
mis ojos, mi
rostro...
Me quedo contemplando
los corsos coloridos que
lentamente apagan las sombras
Y siento pena de las flores allá afuera
tiritando
Y secretamente acabo llorando
su dolor.
Paula Cruz Roggero
Hermoso poema, que pases un buen fin de semana Paula
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