En la tarde que se duerme
comienzo a reconocerte
en las arboladas calles
de jardines herrumbrados.
Y te veo pasar en cada persona que pasa,
y vas tras las sombras de todos ellos,
eres pues una sombra más.
Por el gran ventanal atisbo
la vida allí afuera
Adivino la pulsión de la sangre
dentro de la arteria,
e imagino el sabor de la carne
como fruto maduro.
... pero el horizonte
como un esfumino
va tiñendo todo de azul
y mi iris sólo alcanza á divisar
que la tarde agoniza
mientras tu tecuerdo ,
más latente que nunca
flota entre pobres flores
calle abajo en una añeja cisterna invernal.
Paula Cruz Roggero
No hay comentarios:
Publicar un comentario