En la lobreguez de la noche,
el pájaro picudo carcome mis entrañas,
lleva el vuelo de un cóndor
Y las alas de un águila.
Fluye por mi cuerpo
Como las sierpes de una extraña casta,
Mi piel es el cieno donde
se estanca.
Y se abisma sobre mí
desde una torre alta:
sus ojos hechiceros
enredan mi alma.
Hay cientos de cabezas
de esta culebra parda!
Yo dormito las horas,
apago las luces demacradas,
Y entre sombra y luz los veo
Muriendo de silencio
Amor mío, agostada
sobre el lecho húmedo
que un día cultiváramos.
Paula Cruz Roggero
Alta poesía. Me impacta la cadencia que logras, Paula.
ResponderEliminarAbrazos.