miércoles, 15 de julio de 2020

POEMA 139


En la lobreguez de la noche,
el pájaro picudo carcome mis entrañas,
lleva el vuelo de un cóndor
Y las alas de un águila.
Fluye por mi cuerpo
Como las sierpes de una extraña casta,
Mi piel es el cieno donde
se estanca.
Y se abisma sobre mí
desde una torre alta:
sus ojos hechiceros
enredan mi alma.
Hay cientos de cabezas
de esta culebra parda!
Yo dormito las horas,
apago las luces demacradas,
Y entre sombra y luz los veo
Muriendo de silencio
Amor mío, agostada
sobre el lecho húmedo 
que un día cultiváramos.


Paula Cruz Roggero

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